La cultura de la muerte
es un excelente artículo del juez Joaquín Navarro Estevan publicado en LA ESTRELLA DIGITAL el 27 de julio de 1999
La cultura de la muerte
Joaquín Navarro Estevan
Si el tiempo no lo impide y con permiso de las autoridades, en septiembre estará la píldora abortiva en España. Cumplidos los trámites exigidos por la Agencia Europea del Medicamento, ya sólo quedan pendientes dos cuestiones internas: elaborar el prospecto y la ficha técnica el RU-486 y fijar su precio. Los dos procesos terminarán a principios de septiembre. A mediados de ese mes, la píldora por antonomasia se podrá recetar en nuestro país. Será un instrumento de civilidad del aborto.
Para muchas mujeres que padezcan la dramática necesidad de abortar, se habrán terminado los quirófanos. Pero la realidad no va a ser sencilla ni fácil. El primer problema es encontrar distribuidores. Las campañas de las asociaciones pro-vida están siendo tan fuertes que muchas casas distribuidoras tienen miedo de quedar "marcadas" ante un importante sector de la opinión pública y de que sus demás productos sean boicoteados. Ya ocurrió en Francia, el Reino Unido y Suecia, donde hace años que circula la RU-486. Allí se impuso la racionalidad y las amenazas quedaron truncadas o reducidas a pequeños sectores ciudadanos. En nuestro caso, está por ver.
El catolicismo hispánico retiene impulsos inquisitoriales y ultramontanos que suelen concentrarse en este campo. Está, además, envalentonado por el éxito del pasado mes de septiembre. Después de grandes anatemas, los obispos y las asociaciones pro-vida consiguieron que el Congreso no aprobase el cuarto supuesto despenalizador del aborto: la alegación por la mujer de la existencia de un conflicto personal, familiar o social grave. La mala conciencia de algunos diputados cristianos dio al traste con el proyecto. Los grupos pro-vida llegaron a organizar vigilias a las puertas del Congreso cuando se iba a celebrar la votación. Ya han comenzado otra vez las movilizaciones y las condenas.
La asociación 'Unidos para la Vida' (se refieren a la vida del feto, no a la vida o la libertad de la mujer embarazada) ha definido la píldora abortiva como "medicamento para matar". El cartel de campaña es conmovedor: un bebé pide al ministro de Sanidad que lo mire a los ojos "antes de firmar su sentencia de muerte". Se convocará una manifestación contra la píldora con una novedad muy sutil: se distribuirán pliegos de firmas solicitando una "amnistía general" (para los fetos, que no para las personas) así como la abolición de la pena de muerte y de la tortura para los "niños no nacidos" (especie inexistente sobre la faz de la tierra). No se privan de nada: en el cartel de la campaña, la asociación 'Unidos para la Vida' informa de que el gobierno tiene previsto incluir la píldora abortiva en la Seguridad Social, con lo que pasa a ser "un medicamento para matar pagado con nuestro dinero".
Los obispos no se quedan atrás. En Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Grecia y Holanda, donde el proceso de comercialización de la RU-486 está también a punto, se han comenzado a escuchar algunas tremendas declaraciones episcopales. Se ha llevado la palma (no, por fortuna, la del martirio) el obispo de Colonia Joaquín Meisner, que acaba de calificar el uso del medicamento como "insoportable homicidio de seres no natos" (especie que tampoco existe: si son seres no pueden ser no natos; si son personas, tampoco). Meisner ha dicho, además, que la clase política alemana "se ha convertido en esclava de los grupos de interés". Al parecer, la esclavitud sólo existe en este campo.
En nuestro país, el vocero episcopal ha sido Rouco Varela. Su carta pastoral tiene el siguiente título: "La píldora RU-486 o el cuestionamiento del derecho a la vida". "Nos encontramos -dice- ante una decisión que va a aumentar la desprotección y el desvalimiento de los no nacidos y de su derecho a la vida...Y que no deja de implicar también peligros y riesgos graves para la salud de la madre, aunque con su uso se intente ahorrarle el trauma de la intervención quirúrgica". ¡Menos mal que no todo es diabólico! La solicitud de la jerarquía católica por la vida y la libertad de la mujer viene de antiguo. Ya decía el Aquinate que cuando en un ayuntamiento carnal se engendra una niña o es que se hizo con torpeza o soplaba viento húmedo del mediodía. El Concilio nacional francés de Soissons, en los umbrales del siglo XI, votó sobre si la mujer tenía o no alma. El resultado fue muy reñido, pero favorable por un voto al alma de las féminas. Y Humberto de Romans, maestro de predicadores del siglo XIII, dijo algo genial: "No permito que una mujer enseñe por cuatro razones: la primera es su falta de inteligencia, de la que las mujeres tienen cantidad menor que los hombres; la segunda es la sujeción a que está sometida; la tercera el hecho de que, si predica, su presencia provocará concupiscencia; y la cuarta, por el recuerdo de la primera mujer, que no enseñó más que una vez y trastornó al mundo entero".
Es la misma filosofía que excluye a la mujer del sacerdocio. La misma que la somete a la servidumbre y a la opresión. No creo que Rouco Varela comparta íntegramente esta filosofía. Pero sí la falta de respeto que rezuma contra la racionalidad, la dignidad y la libertad de la mujer. Siempre me ha causado profunda perplejidad y melancolía que el intenso amor a la vida del feto (una porción del cuerpo de la mujer preñada) no se vea acompañado por un más fuerte amor y respeto a la vida de la mujer y a la vida humana en general.
La fetolatría ha sido con frecuencia acompañada del desprecio a la vida de las personas, de la defensa de la pena de muerte, del silencio frente a la tortura, del desdén por la miseria, el dolor y la muerte de tantas y tantas mujeres que, gracias a una moral retrógada que se ha venido imponiendo como derecho positivo, han padecido inhumanamente en manos de carniceros y mercaderes utilizando moldes, cuchillos o cornezuelo de centeno. Rouco dice, sin embargo, que la aprobación de la píldora "trivializa la cultura de la muerte". ¿Habla sólo de la muerte del feto o de la muerte en general? ¿Piensa en las enormes matanzas causadas por la intolerancia de los que siguen practicando la santa coacción? Rouco no se para en barras: denuncia "el abandono por la autoridad y por la ley de su principal obligación de proteger y garantizar el derecho a la vida de todo ser humano, sobre todo de los más inermes e inocentes".
Otra vez el imperialismo moral, de nuevo la vieja tentación de convertir en ley una moral particular disfrazándola de "ley natural". ¿Para cuándo el respeto a la libertad y a la dignidad de la mujer? ¿Para cuándo dejar de hurgar en su conciencia y en su cuerpo instando la persecución si no se somete a preceptos de una religión y de una moral concreta? Luis II de Turingia gustaba de citar, en pleno siglo XII, el salmo 115/16: "Los cielos son cielos para Yavé; la tierra se la dio a los hijos de los hombres". Para todos los obispos y pro-vida del mundo, cada vez más violentos, los cielos de Yavé; para todos los demás hijos de los hombres, la tierra. Hagan lo que quieran en los cielos de Yavé. Pero respeten el derecho, la ética, la libertad, la dignidad y la necesidad de todos los que vivimos y morimos en la tierra y pretendemos que la mujer decida, digna y libremente, interrumpir o no su embarazo sin que la mirada y amenaza de los inquisidores turben su libertad y su vida.
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